Su voz
temblaba al hablar, mientras se aferraba con todas sus fuerzas al hilo del que
pendía su vida. Le conté a Alan que crecí en un pequeño pueblo en Osaka, y él
me habló de Ohio, una ciudad en crecimiento con edificios de gran altura.
Debería haber sido enviado a Alemania junto con sus amigos, pero le tocó bailar
con la fea. Se rio de su chiste y yo también me reí.