Don Lorenzo García de la Sierra narra a sus nietos las páginas de su diario, escrito durante las horas de insomnio de su longeva vida. En él, el Mariscal revive la defensa imposible de Cartagena junto a Blas de Lezo, y subraya el apoyo decisivo de los guerreros yoruba de Palenque: los hombres que, sin permiso de Roma, llamaron santo al almirante junto al cual lucharon, ese que, haciendo caso omiso de las leyes y normas de los poderes de su época, les otorgó la libertad…